Ayer regresé de Las Vegas después de haber pasado en la ciudad del pecado las últimas dos semanas. Estuve jugando varios eventos de las WSOP y mi objetivo era conseguir uno de los brazaletes con los que se premia al ganador de cada evento.

Jugué un total de 9 torneos de las WSOP y un evento de Omaha en el casino Venetian, además de algunas horas de Cash y varios Sit&Go winner takes it all (que son muy recomendables por el nivel tan bajo de los que se suelen inscribir) y aunque los resultados generales no fueron buenos (sólo pude hacer caja en un evento) estoy contento con la experiencia vivida.
Pude coincidir en la mesa de los torneos de juegos mixtos (como el 2-7 Triple y el 2-7 Single Draw o el Omaha) con algunos de los jugadores americanos más reconocidos como Daniel Negreanu,Phil Galfond, John Juanda o Huck Seed. El field de estos torneos era muy duro pero como son torneos menos masivos que los de NL Holdem merecía la pena apuntarse pues la probabilidad de hacer mesa final en estos torneos es mayor.
Mis mayores opciones las tuve en el evento 31, un torneo de NL Holdem en el que se inscribieron 2.800 personas. Conseguí cuadruplicarme en el nivel 1 y estuve muy cómodo en fichas durante el primer día del torneo. Tuve algunas manos interesantes en las que saltaron chispas contra John Juanda, al que había eliminado del torneo de 2-7 Triple Draw unos días antes. El día 2 cuando ya estaba en premios tuve una mano clave contra un jugador profesional inglés en la que no tuve suerte. Con ciegas 800-1600 y un stack de 40.000 abrí 
y me pagó el jugador situado en el dealer y el pro en ciega pequeña. El flop es 

y ante mi apuesta de continuación de 5.500 la ciega pequeña va all-in. Le insta-pago y presenta 
que liga escalera en el turn. Una pena porque de haber ganado esa mano me hubiese situado entre los primeros a falta de 200 jugadores.
Los pabellones donde se juegan las WSOP son impresionantes (este año además han añadido un tercer pabellón de juego) y la organización de los torneos masivos que se celebran cada día es impecable. La sensaciones de jugar al poker en un lugar así son impresionantes.
Al margen del póker, Las Vegas no es una ciudad que me guste especialmente. Hace demasiado calor en estas fechas y todo es demasiado artificial, además te da la sensación continua de que todo el mundo quiere sacarte una propina. Es una ciudad que llama mucho la atención el primer día que se visita pero que luego puede resultar agobiante.
En los próximos días decidiré si volveré dentro de unos días para jugar el Main Event de las World Series of Poker que empieza el 7 de julio.