Uno de los aspectos esenciales que diferencian a un buen jugador de poker es que sabe adaptar perfectamente su estrategia de juego al tamaño de su stack y al de sus oponentes en relación con el tamaño del bote preflop (es decir, el valor del bote contando únicamente las ciegas y los antes).
No deberíamos plantear igual una mano en la que recibimos 
si estamos en una fase avanzada en un torneo, tenemos 10.000 fichas y las ciegas están 250-500 con ante de 50 que si estamos en la fase temprana de un torneo deepstack y tenemos 10.000 fichas estando las ciegas 25-50 y sin haber entrado todavía los antes en juego. En el primer caso, en el que estoy arriesgando 20 ciegas grandes yo jugaría subiendo y si uno o dos rivales me pagan, me comprometería totalmente con el bote (acabaría con todas mis fichas en el centro, probablemente haciendo una apuesta de continuación en el flop y metiendo mi resto en el river) independientemente de las cartas que salgan en el flop. En el segundo caso, estaría arriesgando 200 ciegas grandes, por lo que hay que jugar con mayor cautela. Si subimos a 150 preflop, nos podrían pagar jugadores con parejas pequeñas en mano, que van a abandonar el flop si no sale su trucha (88% de las veces) y que nos van hacer call o a resubir a todas nuestras apuestas después del flop si ligan su trío en el flop (12% de las veces). Es decir, y simplificando mucho la situación, si decidimos apostar en todas las calles hasta acabar all-in en el river, independientemente de las cartas que vayan saliendo pues creemos que tenemos la mejor mano, vamos a ganar 200 euros el 88% de las veces y a perder 10.000 el 12% contra estos jugadores. La esperanza matemática de esta estrategia es de -1024 fichas una auténtica ruina a largo plazo.
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